Marcy Rangel

 

Aunque ya son varios los meses que llevamos montados en este barco que llamamos Panas en Tabogo, debo confesar que esta fue la primera entrevista que, con algo de nervios, tuve la oportunidad de realizar. Una entrevista cargada de mucho amor y pasión por la cultura, la danza, la música y especialmente, la salsa y, que a Isa y a mí, nos dejó un montón de reflexiones.

Cuando nos encontramos con Marcy, el parque el Virrey tenía una vibra caribeña diferente. Fue un día increíblemente soleado, movido y hasta con gente bailando salsa choke. El día ya nos adelantaba que el caribe y la salsa serían temas que estarían sobre la mesa en nuestra conversación.

Marcy es una periodista, bailarina, caraqueña, salsera, escritora y amante de la música que tiene 6 años en Colombia. Llegó al país en búsqueda de oportunidades que le permitieran crecer profesionalmente y materializar algunos sueños. Algunos ya se han cumplido, cómo publicar su libro Al Son Que Nos Toquen que cuenta la historia de la danza contemporánea en Venezuela a través de sus protagonistas. Otros sueños, siguen en construcción, y pueden representar migrar nuevamente. 

Para Marcy, Bogotá ha sido una ciudad fría por dentro y por fuera. Sin embargo, en palabras de ella “a veces no se trata de si te gusta o no te gusta una ciudad, sino de todas las cosas que has podido vivir allí”. En el caso de ella,  Bogotá le ha permitido reordenarse para lograr sus sueños.

Al revelarnos que del mismo modo en que la cumbia atraviesa desde México hasta Argentina a Latinoamérica, la salsa atraviesa a El Caribe, Marcy nos contaba como la danza y la salsa son parte de su identidad y su vida. La salsa ha sido el punto en común de los rincones colombianos que ha logrado conocer y, también fue la salsa, lo que la hizo volver a bailar, luego de 8 años.

Marcy destacó lo valioso que es buscar algo con lo cual conectar con el país al que se migra y cómo esto nos permite aliviar cosas con las que no estamos tan a gusto. En el caso de ella, fueron la danza y la música.

Junto con Marcy reflexionamos sobre cómo los medios le dan mayor valor a las migraciones de los caminantes, producto de persecución o a través del Darién. Mientras que la realidad es que todas las migraciones, sin importar sus causas, son sumamente difíciles. Cómo recita la canción Todos Vuelven del maestro Rubén Blades “Que santo el amor de la tierra, que triste la ausencia del ayer”. Todos los migrantes vivimos, y me incluyo, un duelo por su tierra, sus seres queridos, su lengua, su cultura, su sentido de pertenencia.

Concluyendo nuestra conversación, Marcy realzó la importancia de dejar de meterle la lupa a nuestras diferencias y dejar de pelear sobre de quien es la arepa. “Me gustaría que los migrantes, así como valoran el lugar de donde vienen, valoren el lugar en el que están. Por algo la vida nos puso aquí”. En cuanto a los colombianos que nos han abierto las puertas de su país,  entendemos que es un país no acostumbrado a la migración, pero en palabras de Marcy “Me gustaría que la cara bonita de Colombia también esté en la aceptación del otro”. Sin duda, una conversación que a Isa y a mí, nos puso a pensar en el inmenso potencial que tenemos en frente, si todos decidimos apostarle a la integración.

– Jaime Aguilera

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